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martes, septiembre 17, 2013

LA PROPIEDAD LÍQUIDA DE LA MATRIUSHKA

Impecable
En cada pose
Siempre ella
Siempre otra
Capaz de conmover
Provocar
Inundar de luz la propia luz
Camaleónica
Profunda
Deliciosa

Todas las fotografías son autorretratos. 
Todas las protagonistas son una. 
Y ella es todas ellas y ninguna. 
Una excecelente fotógrafa, dotada de un ojo
especialmente sensible a la sutilidad y la belleza, 
capaz de sacar de sí misma todas las personas 
con todo el acierto y el encuadre perfecto
en esa reducida profundidad  
en la que no sobra, ni falta nada.
Hace un tiempo tuve la honor de escribir
el texto de presentación 
a su segundo libro de autorretratos. 
Hoy, lo comparto con vosotros 
para que conozcáis algo de la misteriosa mujer 
que puebla este universo magnífico, 
haciendo de su compilación de fotos 
una galería de ARTE en vivo



LA PROPIEDAD LÍQUIDA DE LA MATRIUSHKA

Una mujer misteriosa, se asoma por una mirada grande.
Tiene ojos serenos y oscuros, auténticos faros capaces de engullir la noche. 
Posee la capacidad líquida de transformarse en cada encuadre.
Y brilla en todos como una mujer nueva.
Con ojos serenos o insinuantes, labios jugosos y perfectos, pelucas lisas o rizadas, pestañas postizas, carmín, guantes de boxeo, sombrero, gafas… cualquier detalle de atrezzo subraya al personaje…Pero no a ella, a la mujer misteriosa que se asoma una y mil veces por ese mismo y viejo conocido encuadre, que tiene las medidas precisas del ángulo que permite su brazo extendido con la cámara apuntándole. 
Cada disparo, una mujer.
Cada una, otra; nunca ella,  por más que sea ella quien les preste sus rasgos y su atrevimiento posando, su picardía, sus ganas y hasta su pudor y su calma.
Sus retratos fluyen (de ahí también, la propensión líquida…)  y eso que, hasta hace bien poco, aún la oí calificar su trabajo como un mero juego, un divertimento apenas con el que se retaba, sacando de sí misma todo aquello que, por timidez, jamás sería capaz de dar ante ningún fotógrafo.  
Y aquí está, segundo libro ya de autorretratos, y su imaginación no se estanca.
Se dispara.
En cada foto, en cada encuadre que nunca parece el mismo por más que la pértiga sea siempre su brazo. Detrás y delante del objetivo, está ella, ocultándose siempre bajo el personaje, dejándose ver como otra, para no enseñarse, o para mostrarse sin ser realmente vista, siendo tan sólo esa ella que interpreta a otras.
Una mujer con mil matriushkas dentro que poco a poco despliega.
Atrapando.
Dejándonos pendientes de cada nueva transformación…y al final, cuando ya se ha devorado cada imagen en la que siempre se entrevé a la misma mujer pero nunca  sin caracterizar, una pregunta pugna por abrirse paso…
¿Quién es realmente Varadera…?
Sin duda, una interesantísima fotógrafa. Con una mirada grande, como decía antes, capaz de traducirla de dentro afuera a través de estos rotundos y vigorosos autorretratos.
Pequeñas corrientes fotovoltáicas que empujan a saber más de la mujer, de la fotógrafa que tan bien se esconde mostrándose.  
                                         
May Gañán

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